Heiki miró el reloj. Se paró. Miró hacia atrás enfadado. Tenía la sensación de que alguien le seguía desde el Ágora. Se giró y miró a ambos lados. Ahora se daba cuenta de lo grande que era esa ciudad. Una ciudad cosmopolita. Volvió a mirar el reloj y entonces se percató de que ya no le daría tiempo a coger el tren. Se acercó a una de las muchas cafeterías y restaurantes que había repartidas por la calle y que habían conquistado el mundo con sus hamburguesas y perritos calientes y se sentó. La camarera del McDonald se acercó con su ridícula vestimenta y le tomó nota. A los cinco minutos más o menos apareció con una bandeja portando el bocadillo y la Coca-Cola que había pedido y Heiki empezó a devorarlo con mucha ansia. En esos momentos, un hombre corpulento se le acercó y se sentó a su lado.
-¿Qué haces?
- Te voy a ayudar- respondió el desconocido
- No me hace falta ayuda- dijo Heiki con desprecio
- Pues a mi me parece que sí- hablaba el hombre misterioso y a la vez recargaba una pistola y le apuntaba al ladrón por debajo de la mesa.
- No me hagas nada, vamos a mi piso- dijo Heiki.
Y se fueron.
Ya habían pasado dos días desde que Brooke había aterrizado en Atenas. Había estado de compras, haciendo turismo, incluso había ido al cine a ver la película “La joven Jane Austen” que tiempo atrás ya había visto en EE.UU. Aparte de comportarse como una turista cualquiera Brooke había estado investigando sobre los distintos museos y lugares arqueológicos donde poder encontrar cualquier pista relacionada con la Armadura de Atenea. En la agenda que le robó a Heiki había encontrado extraña la forma en que se resaltaba las palabras “Armadura de Atenea, diosa griega” y el hecho de que no se nombrara esa armadura en toda la agenda lo hacía algo más inquietante. Había visitado todo tipo de museos pero apenas había conseguido averiguar nada nuevo excepto lo que había podido leer en la agenda de Heiki: Atenea era la diosa griega de la sabiduría, la estrategia y la guerra justa. Partenón había sido construido para adorarla y era conocida como Minerva para los romanos. Pero toda esta información no le servía para nada, pues no mencionaban en ningún la armadura de Atenea.
Tras slir del aeropuerto, Andrius se dirigió al hotel a dejar la maleta. Después de darse una ducha salió hacia el Ágora. Por el camino se sentó a comer en un Starbucks y no pudo evitar pensar que pronto la tierra se llamará USA. Mientras comía observaba a la gente y le llamó la atención un jóven que no era griego que pasó corriendo a toda velocidad. Andrius no pudo evitar ir tras él...
Tic-Tac, Tic-Tac...Se pasó todas las horas del avión mirando por la ventanilla mientras bebía una copa detrás de otra. Pensaba en todo lo que había ocurrido en su desdichada vida, y sabía que unas vacaciones en Grecia no serían más que un descanso lleno de amarga esperanza antes de volver a su vida real y su trabajo. No esperaba que pasara gran cosa, pero ojalá le pasara algo que cambiara su vida.
Cuando bajó del avión había bebido bastante, llamó a un taxi y se fue a su hotel. Llegó a su habitación y medio borracho se metió en la cama a dormir.
!--[if>!--[if>!--[if>![endif]-->![endif]-->![endif]-->Cada vez les siento mas cerca, incluso noto la respiración de muchos de ellos, pero no puedo mirar hacía atras, me convertiría en piedra al solo mirar el rencor en sus rostros, sigo adelante, sin importar los abstaculos que haya en el camino.
La frondosidad de la selva, me impide muchas veces divisar la luz solar, por lo que ni se cuando se opaca el sol ni cuando éste sale.
El descontrol horario que azota constantemente mi cerebro, me hace ver lo que no es, al caminar no diviso el suelo por lo que por desgracia para mí, acabaré atrapado por la multitud de pantanos que hay en este lugar y lo peor es que no puedo morir aqui, tengo que recuperar lo que ellos me arrebataron.
No sé hasta cuando podré aguantar este ritmo frenético, ni tampoco sé cuando mis piernas diran basta y me dejaran a la merced de aquellos personajes sin escrúpulos.
J.J.Smith se dirigió a Hyde Park en donde se encontraría con su nuevo cliente para hablar de su próximo trabajo.
La lluvia empezó a caer y los dos individuos sacaron sus paraguas y se refugiaron en ellos.
Su nuevo cliente era mayor que él, se veía una persona culta e inteligente, que poseía mucho dinero, ya que los servicios del detective eran caros. Aquel hombre llevaba un traje muy elegante, aunque apenas se le veía, porque llevaba una gabardina que le cubría todo el cuerpo. También llevaba el típico bombín inglés.
Su nueva misión era muy extraña, ya que el hombre del bombín no le dio las instrucciones al completo sino que le dio como el primer capítulo de una novela que se compone de cuatro.
J. J.Smith aceptó la misión y el hombre del bombín le entregó un sobre con un billete de avión, dinero, un pasaporte y un teléfono móvil.
Al abrir el billete de avión y ver que era para Atenas (Grecia) una ciudad en la que el detective había estado en tres ocasiones a lo largo de toda su vida. preguntó al hombre que por qué en aquella ciudad. Éste le contestó que cuando estuviera en Atenas sabría el porqué de aquella misión.
Sin despedirse J.J.Smith se marchó y vio cómo cinco hombres rodeaban al del bombín y le escoltaban hasta un coche.
El detective fue a comprarse un café e inmediatamente se dirigió a investigar a su nuevo cliente y el porqué de esa misión en Grecia.
Había pasado ya una semana desde que Heiki Honer se había acercado por la biblioteca nacional para encontrar algún dato sobre la diosa griega Atenea. Tenía una imagen sobre una estatua de la diosa en el móvil, pero no era lo único. En una de las paredes de la pequeña habitación donde se supone que el ladrón vivía, no era fácil hacerlo en un sitio tan pequeño, estaban colgadas numerosas hojas de papel con muchas imágenes y textos. Heiki estaba sentado en un sillón de ordenador situado detrás de una pequeña mesa de escritorio, la cual también estaba repleta de papeles. El joven ladrón se había quedado dormido con medio cuerpo apoyado en la mesa y sentado en la silla. El cansancio acumulado durante los últimos días, el desgaste físico a causa de la búsqueda de información, y la poca costumbre del clima mediterráneo de la península balcánica, habían hecho que Heiki cayese rendido mientras repasaba una y otra y otra vez el plan que había ideado para poder llevar a cabo su deseo de poder encontrar y apoderarse de la preciada estatua de la diosa griega de la inteligencia. Este sería, sin duda, el mayor golpe que habría dado hasta el momento y el más sonado.
Con el sonido de la alarma del móvil, se despertó sobresaltado y, sin perder ni siquiera un segundo, cogió una mochila, metió una libreta y unos cuantos víveres más y salió disparado hacia la estación de tren.
¿Dónde estaba Brooke? ¿A dónde había huido? Heiki había perdido su rastro tras su última conversación en el aeropuerto de Pekín. Allí fue donde la amenazó con matarla si alguna vez mencionaba algo de todo lo que Heiki le había contado sobre sus futuros proyectos. Habían llegado a estar tan unidos que Brooke estaba prácticamente enterada de todo; sus sueños, sus planes, su obsesión por la mitología griega… Cuando ella se enteró de lo que pretendía hacer en Grecia decidió no querer formar parte de eso. Estaban en el aeropuerto dispuestos a viajar a su próximo destino, algún país del occidente Europeo, pero Brooke no llegó a embarcar con Heiki. Se quedó rezagada y huyó sin que él se diera cuenta. Lo que ella no sabía es que se llevaba consigo la agenda personal de Heiki que Brooke le había comprado en Macy's tiempo atrás. En ella tenía recogidas todas las pistas sobre las reliquias perdidas de Grecia que tanto ansiaba encontrar o robar.
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